
Cuando nace un bebé, una de las primeras preguntas que se acostumbra a hacer es: ¿”A quién se parece”?
Si el bebé es deseado y gratificante, ambos padres buscarán parecidos con ellos mismos y con sus respectivas familias: “se parece a mí y a mi madre….” En caso contrario, no se encuentran parecidos o se buscan lejos: “es igualito que una tía segunda de mi suegra…”
¿Un hijo, nos gratifica más cuando se nos parece, cuando responde a nuestros deseos o al revés, cuando nos gratifica ¿se nos parece más?
Diatkine dice: ningún niño podrá ser inteligente, si la madre no lo ha imaginado un genio, pero tampoco lo será si la madre no adapta las expectativas que se había formado sobre su hijo a las posibilidades reales de éste. Los hijos nunca son como los habíamos imaginado. Y esta diferencia se agranda cuando el niño nace con un problema, cuando nace diferente. Es evidente que cuesta más adaptarse a él.
¿Cómo gestionamos estos sentimientos cuando nuestro hijo nace con una discapacidad? Tenemos que saber que el sentimiento de no satisfacer las expectativas de los padres es un gran motivo de infelicidad para el niño y de bloqueo en su desarrollo. Pero no vamos a cargar toda la responsabilidad en los padres; ningún padre, cuando espera un bebé, quiere que sea “diferente”; y sin embargo, algunos nacen así, distintos a lo esperado y puedo decir, por experiencia, que, una vez superada la situación, se les quiere un montón y gratifican otro montón: cada logro es una fiesta.
Es la sociedad y somos los profesionales los que tenemos que luchar por cambiar la imagen que tenemos de las personas diferentes. Todo el mundo tiene capacidades, belleza, e ingenio. Se trata de potenciar esos talentos para que se desarrollen al máximo.
Porque la belleza o la inteligencia son cosas que caen del cielo; nadie es responsable de tenerlas o no. En cambio, el esfuerzo y los éxitos consecuentes sí dependen de cada uno. Y la confianza en uno mismo, que es la base para desarrollarse al máximo depende, en gran parte, de esas primeras identificaciones, de sentir ese “se parece a mí” porque, como dice Levovici: “Cuando un niño mira a la madre, mira a la madre que le mira”.
Dos interesantes y enriquecedoras reflexiones sobre dos temas importantes.
Me quedo con:
«Cuando un niño mira a la madre, mira a la madre que le mira”.
……….y la fábula de los puercoespines.
Estaré al tanto de tus entradas