Empiezo hoy este blog con la idea de hablar de lo diferente; del miedo a la diferencia, de la xenofobia, del racismo, de las personas diferentes y de la sensación de diferencia.
La comprensión del concepto de diferencia aparece, en el ser humano, hacia los tres años y está relacionado con la percepción de las diferencias anatómicas: niños y niñas. A partir de ahí distinguimos entre iguales y diferentes.
A lo largo de la historia de la humanidad hemos pasado por muchas maneras de concebir a las personas “diferentes” y ninguna de esas concepciones parecen acertadas, porque la diferencia nos asusta y nos parece ajena. ¿De dónde surge ese temor, ese miedo a la diferencia? Podemos extrapolar esta situación a la xenofobia o al racismo?
La xenofobia podría definirse como el miedo, la hostilidad, o el odio al extranjero. Una de las formas más comunes de xenofobia es la que se ejerce en función de la raza, o sea, el racismo.
Se entiende por racismo la exacerbación o defensa del sentido racial de un grupo étnico, especialmente cuando convive con otro u otros. Mientras que la xenofobia parece ser un sentimiento casi natural en los seres humanos, el concepto de racismo es moderno.
Este temor a la diferencia nos remite al concepto de prejuicio. Prejuicio, es un término que se aplica a las generalizaciones categóricas que no tienen en cuenta las diferencias individuales. Desde un punto de vista psicológico, el prejuicio es una actitud de hostilidad en las relaciones interpersonales, dirigida a un grupo o a las personas que lo componen.
Freud, judío, (1918) en “El tabú de la virginidad”, hablando de las diferencias, se refiere por primera vez al “narcisismo de las pequeñas diferencias” y dice que son precisamente las pequeñas diferencias entre las personas las que forman la base de los sentimientos de extrañeza y hostilidad. El temor a lo diferente no está en proporción con el grado de diferencia objetiva sino con la diferencia emocional (la propia diferencia) que propicia la necesidad de conformismo y adaptación a un grupo. La diferencia es interpretada como un ataque a la identidad. Entonces se exagera la diferencia y aumenta el temor a la misma.
La percepción del otro como distinto genera angustia (pensemos en las personas con discapacidad o con mutilaciones). Freud, en psicología de las masas y análisis del yo, nos cuenta la historia de la sociedad de los puercoespines, que extrae de un texto de Schopenhauer: en un crudo día invernal, para defenderse del frío de la nieve, los puercoespines de una manada se apretaron unos contra otros para prestarse mutuo calor. Pero al apretarse, se hirieron recíprocamente con sus púas, y tuvieron que separarse. Obligados de nuevo a juntarse, por el frío, volvieron a pincharse y a distanciarse.
Estas alternativas de aproximación y alejamiento duraron hasta que encontraron una distancia media en la que ambos males resultaban mitigados. Los seres humanos tendemos a vivir en sociedad, a juntarnos, pero nuestros desencuentros (pensemos en posiciones políticas) nos alejan pudiendo llegar a hacer insoportable la convivencia.
Resulta complicado soportar la proximidad demasiado íntima con alguien (relaciones conyugales, de amistad, fraternales) porque la proximidad tiene un fondo hostil y ambivalente. Los grupos étnicos afines pueden rechazarse por ideología, costumbres o posiciones políticas. La aversión aumenta cuanto mayores son las diferencias: arios-semitas; blancos- negros, etc.. Pero las fronteras que predisponen al racismo no son exclusivamente geográficas; pueden ser fronteras internas que en el mismo país separen dos conjuntos diferentes, dos religiones distintas. Cuando uno se mezcla, surgen fantasmas. Mientras se mantiene una distancia, se puede soportar bien la amenaza o la inquietud que implica proximidad del otro, sus satisfacciones, su bienestar.; el problema se plantea cuando nos mezclamos y el otro aparece como el extranjero, el invasor el que viene a disputar los puestos de trabajo, a ocupar el espacio común, a llevarse algo que es nuestro. En el racismo se odia a la manera particular en la que se imagina la satisfacción del otro
Creo que la fábula de los puercoespines que explicas y el miedo al diferente es una gran clave para comenzar a comprender el racismo y el odio creciente. Interesantisima reflexión.