Hace cosa de dos años tuvimos un problema: nuestro contador de la luz estaba cambiado; le pagábamos la luz a un vecino y él nos pagaba la nuestra. Pero ellos eran 4 y nosotros, dos. Además sólo íbamos los fines de semana. Nos costó un montón de cartas, llamadas, tensión y tiempo, que un técnico viniera a mirar los contadores. Por fin vino uno que confirmó la situación. Reclamamos a Endesa y ni caso. Iniciamos un pleito. Hace ya dos años y todavía todo está en proceso.
Cambiamos de compañía y ahora le ha tocado el turno al gas. Pagando una media de 60-70€ al mes (y los muy fríos unos 120), nos llega una factura de más de 500€. Coincidiendo una temporada en la que solo se habita la casa tres días a la semana, dos personas y nunca a más de 20º de temperatura. Imposible haber consumido esa cantidad. Holaluz ha cobrado. Ahora nos toca pagar un técnico que venga a ver si el contador está roto. Si es así, a reclamar. Y ya veremos. El técnico del contador está avisado, el de la caldera, también. Todo a cargo del consumidor. Mientras tanto, sin calefacción, para evitar sorpresas.
¿No es un abuso total de poder?
El desánimo y la frustración que producen estas situaciones (además del quebranto económico) inciden en nuestra salud mental y en nuestro bienestar emocional y eso no lo restituye nadie. Sientes que abusan, que maltratan y que no puedes hacer nada. Primero pagas y luego compruebas, pagando, y después reclamas.
¡Qué tristeza!