Hace un año que nos confinaron. Nos lo tomamos medianamente bien; era un encierro para quince días e íbamos a estar en casa, aprovechando para hacer todo lo que teníamos atrasado. Y para estar más con los nuestros. Pero esos 15 días se han convertido en un año. Un año sin viajar, sin abrazar, sin ver a tu gente. Un año de soledad. Un año que promete alargarse sine die, porque las vacunas no llegan, porque el virus muta, porque nadie parece saber qué es lo correcto a la hora de actuar contra el virus.
Ana Fuentes ha publicado, el día 6 de este mes, un artículo en el País que titula El ministerio Parche, en el que dice que en 2020, 20.000 japoneses se quitaron la vida. El gobierno japonés ha creado un Ministerio de la Soledad.
Los japonense nunca han sido un espejo en el que mirarme, quizá porque están muy lejos y encuentro pocos elementos de identificación con ellos, pero la noticia da que pensar.
Suicidios, depresiones, malestar, aumento del consumo de alcohol, bajada de la natalidad… Todos los estudios que se están haciendo, y de los que informa Naciones Unidas, son muy alarmantes. La pandemia mata y no solo por el virus.
Lo más atroz, las noticias más difíciles de asumir, son las muertes en soledad. El miedo a morirse solo hace extremar las precauciones. Y las precauciones excesivas nos han llevado a la soledad. La soledad de los ancianos en las residencias, de los jóvenes en sus casas (encerrándose cada vez más en los vídeo-juegos para evadirse a otras realidades más emocionantes); la soledad del teletrabajo. La soledad.
Aquí supongo que nadie va a crear un Ministerio de la Soledad, pero alguien debería velar por nuestra salud. Por la física, que se está desatendiendo por los pacientes covid y por la mental, que está totalmente desatendida. Para muchas personas la única fuente de información es la televisión. Los noticiarios de televisión son esperpénticos: tras un titular terrorífico sale un reportaje de un particular que lo está pasando fatal. Nunca sale un reportaje de un fulano que está feliz porque ha tenido un niño precioso y lo ha celebrado con su familia, o porque le han contratado en el trabajo de su vida. La noticia siempre es negativa, culpabilizante, absurda, a veces y siempre con los diferentes partido echándose la culpa de todo unos a otros.
Hace un año ya que estamos cansados, tristes, desilusionados. Quizá habría que crear un Ministerio de recursos emocionales para pasar la pandemia con ilusión.
Porque hace un año ya…. Un año a restar de nuestras vidas.